¿Playa o montaña? ¿Qué prefieres? ¿Por qué?
Soy, en definitiva, un animal de agua. Nací, incluso, signado por esta condición zodiacal, aunque me desgasto poco en esos menesteres, un veinte de julio, Justo dos días antes de cambiar del agua de Cáncer al desierto selvático que representa Leo. Y, por si faltasen más señales, he vivido todo el tiempo cerca del agua, en pequeños pueblos o ciudades que tienen bien sea río, mar o a lo sumo grandes extensiones de lagos o lagunas. En consecuencia, no le tengo miedo al agua y, aunque nado un tanto menos que “Aquamán”, no hay lago, río o mar al que me resista meterme y darme un chapuzón.
He de tener también la sangre fría como todo animal de agua y moverme con cautela bajo la luz amorosa de la luna, con serena desconfianza ante lo que supone un peligro.
Soy un animal de agua precavido y potencialmente peligroso. Aunque solo a mí mismo suelo causar daño. Miro con respeto a todos los demás y me aseguro de que mi presencia sea constructiva para todos los demás.
Así las cosas, entre una verde y empinada montaña con sus cumbres coronadas de senil nieve y una playa abierta y artesanal que canta con dulce violencia la música de las olas, prefiero la segunda, la playa, porque, en definitiva, “soy un animal de agua.

Replica a EL PROFE DOMINGO ESPITIA Cancelar la respuesta