¿Qué hábito de tu día a día mejora tu calidad de vida?
Hoy, meteré el dedo en la llaga en un tema concreto: la alimentación. Y digo llaga, no porque sea este un tema “sensible”. Para nada. Es un tema común que últimamente es tendencia universal.
Aclaro, antes de seguir, que no soy ni “chef”, ni nutricionista y mucho menos coaching en alimentación sana, soy un mortal común y corriente que simplemente vive, observa, cuestiona, crea, duda, propone, crea, aprende y hasta desaprende para entender este cómico circo llamado mundo.
Habrás notado que las redes sociales están inundadas de “expertos” que te sugieren una y mil dietas mágicas para mantenerte sano. Algunos mostrando hasta ciertos fundamentos de investigaciones científicas. El abanico de posibilidades es inmenso y va desde los veganos hasta los cetogénicos o ketos, pasando por dietas orientales, dietas mediterráneas, dietas que suprimen carbohidratos, dietas que suprimen azúcares, dietas que privilegian las grasas, dietas que suprimen las dietas. En fin, si siguieras al pie de la letra sus recomendaciones terminarías famélico, obeso o muerto.
En cierta ocasión, en un pequeño restaurante, dos amigos jóvenes discutían sobre lo que ordenar, intentando pedir lo platos más sanos posibles y en sus argumentos hablaban de las bondades y maleficencias de los granos y de las frutas, de las carnes y de los postres, del arroz y las sopas. Hay que comer lo más sano posible siempre, decían si queremos vivir largo tiempo. La discusión se cortó de repente, abruptamente, cuando al mirar, hacia la mesa de al lado, observaron a un par de “nonagenarios, próximos a llegar a los 100, disfrutar de un plato de pastas, carnes rojas y gordas, patatas y mucha soda. Los ancianos comían de manera tan provocativa y natural que era evidente que no tenían el más mínimo problema que les impidiera comer una u otra cosa.
Los dos amigos se miraron y decidieron pedir dos apetitosos platos sin mirar los elementos o ingredientes.
El punto aquí es el siguiente: Puedes comer flores tiernas y finas hierbas, pero si lo haces con la actitud inadecuada, si lo haces con la cabeza llena de pensamientos sugestivos, si lo haces con culpa, si lo haces como castigándote, si lo haces resignado o con arrepentimientos prematuros, si lo haces estresado o angustiado, si lo haces con miedo, si lo haces constreñido, si lo haces sin verdadero placer, te caerán como dos piedras en es estómago y terminarán enfermándote. Al final no es tanto lo que comas, sino como lo comes. Comer consiente es comer con la actitud adecuada y eso hace más bien que el omega tres.
Déjame saber qué piensas de esto y buen apetito.
P/D: comer consciente y disfrutar de lo que como me hace feliz.

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