Háblanos de las vacaciones que más te han marcado.
No importa a donde sea, ni cuándo sea, serán unas estupendas vacaciones para mí, si hay playa, mar, arena, brisa y cielo azul.
No me disgusta un bosque, ni una alta montaña cubierta de nieve, ni un agreste desierto, todos son hermosos, pero prefiero el mar. Soy un animal de agua.

Nací y he vivido toda mi vida en ciudades y pueblos con río, laguna o mar. A no más de cien metros del agua. Nací en julio bajo el signo anfibio de cáncer. Tengo el corazón fuerte y frío, como la sangre también. Y no me siento capaz de vivir en un lugar que no tenga agua, dulce o salada.
Me apasiona el inmenso mar, al que miro con respeto y admiración, pero sin miedo, por muy alto y fuerte que rujan sus olas. He aprendido a escuchar y descifrar su sinfonía: las olas golpeando la arena al morir en la playa, el viento colándose por la rendijas de las ventanas, las palmeras bailando afuera sin pudor y las gaviotas haciendo el coro celestial. Todo bajo la amorosa caricia de un sol caribe.

Y por las noches, la complicidad con el amor, las estrellas que te palpitan y te susurran, la brisa tibia que te abraza, el vino que se hace más dulce en los labios y una mano sostenida, una mirada que se hace mar y una sonrisa que te invita al beso. Por las noches, en el mar, todo es más bello, más romántico. Todo te invita y provoca a “amar”.

Replica a EL PROFE DOMINGO ESPITIA Cancelar la respuesta