¿Qué docente te marcó más en la vida? ¿Por qué?
Enseño lengua castellana, me esfuerzo en que mis estudiantes desarrollen al máximo sus competencias y habilidades comunicativas: leer comprensivamente y con sentido crítico, escribir con la mayor eficiencia posible y expresarse de manera oral con seguridad y claridad. Sin embargo, no fueron los profes de esta área que tuve a lo largo de mi escolaridad los que me marcaron, al menos no cómo lo hicieron los profes que me enseñaron matemáticas en primaria, lamentablemente no de manera positiva sino como experiencias que rayan en lo traumático.

Me recuerdo, como si fuese ayer, sentado en la parte de adelante del salón de clases de grado tercero de primaria, cargado de nervios, miedo y estrés, rogando que la clase terminara pronto y que el profesor “Morales” no me preguntara las tablas de multiplicar. Lo recuerdo con su espesa barba y esa enorme regla de madera con la que golpeaba la palma de las manos de quienes se equivocaran en las respuestas. No sé cuántas veces me equivoqué, solo sé que fueron muchas, y en consecuencia muchos los reglazos.
Es probable que, como yo, pertenezcas a esa generación a los que le enseñaron las matemáticas de esa poco afortunada manera y que dejó como consecuencia una marcada aversión hacia las mismas. Hoy día, tal vez no se utilice la regla como método persuasivo, pero si las mismas maneras de enseñarlas, centradas totalmente en lo numérico, en la realización mecánica de algoritmos de sumas, restas, multiplicaciones y divisiones; como también en la memorización de las tablas de multiplicar. Formas estas, que no favorecen en lo absoluto el desarrollo del pensamiento lógico matemático y las habilidades para resolver problemas.
Considero oportuno, invitar a esta breve disertación, al brillante profesor Guy Brusseau, quien después de varios años de trabajo a nivel universitario y altamente preocupado por el pobre nivel en matemáticas con el que llegaban los estudiantes a la universidad, decidió renunciar e irse a trabajar a una escuela primaria a fin de hallar una respuesta a sus preocupaciones que le permitiera ver y entender de primera mano qué estaba pasando, cómo se estaban enseñando las matemáticas en la escuela. Su conclusión, después de muchos años de trabajo con los niños y observando a colegas fue lo que lo llevó a proponer su hoy reconocida teoría de “las situaciones didácticas”, que surge, precisamente para contrarrestar las consecuencias que una enseñanza netamente enfocada en resolución de algoritmos y en lo numérico produce en los estudiantes.
Brousseau, sugiere que se trabajen las matemáticas a partir de “situaciones didácticas”, entendiendo una situación didáctica como un conjunto de relaciones explícita o implícitamente implicado establecidas entre el estudiante o un grupo de estudiantes, el entorno (que puede incluir materiales) y el profesor, con la clara finalidad de permitir a los estudiantes aprender y reconstruir su conocimiento. Traducido esto a los mortales, como yo y como tú, significa que se enseñe la matemática a partir de situaciones significativas y experienciales de los niños, conectadas a sus reales vivencias, a su cotidianidad y su vida. De tal suerte que dote de sentido y significado el aprendizaje de la misma y lo lleve a desarrollar sus habilidades para resolver problemas.
El reto es tener la capacidad, como docente, de identificar y aprovechar el sinnúmero de posibilidades de situaciones didácticas que pueden surgir en el aula de clases. Toda situación que viven los niños es susceptible de matematizar.
De seguro, que si el profe Morales, en lugar de utilizar la regla para presionar la memorización de las tablas de multiplicar, hubiese enseñado a partir de situaciones didácticas significativas, no habría tenido tanto trauma con las matemáticas a lo largo de mi escolaridad y hasta estaría enseñando matemáticas y no lenguas.
Pedagógico abrazo.
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