
Escribir para vivir
Experiencias a la carta
Existe una generalizada y muy equivocada idea de que escribir es un acto exclusivo de unos pocos: escritores, periodistas, investigadores, etc. Nada más alejado de la realidad. Si bien escribir no es una actividad natural de nuestra mente, si no más bien una experticia, una técnica producto de la inventiva humana, cualquier persona está en capacidad de hacerlo si así se lo propusiera.

Más allá de lo académico, escribir es un “soplo de vida”, una actividad que nos puede conectar con nuestro propio ser, con los demás, con la naturaleza y con el universo. Es una actividad que aclara nuestras ideas y pensamientos y que nos ayuda a comprender el mundo en el que vivimos. Escribir, más que distraernos puede ayudar a hallarle sentido a nuestra vida. De allí que escribir sea considerado un “acto de vida”, tanto que profesionales de la salud, como sicólogos y siquiatras, lo recomiendan como terapia diaria, una especie de catarsis que nos da foco y nos ayuda a sanar u a crecer. Escribir un problema que se tiene, por ejemplo, nos ayuda a comprenderlo con total claridad; escribir lo que esperamos de la vida, nos da foco; escribir acerca de lo que sentimos nos hace fuertes y resilientes; o escribir por gusto propio aclara nuestros pensamientos.

Pero, qué hay antes del acto de escribir?, de dónde surgen las ideas para escribir?, que pasa en nosotros mientras escribimos y después de escribir?.
De la intención de hallarle una respuesta válida a estos interrogantes surge este “taller de escritura creativa” que no es más que una provocación, una invitación abierta y motivadora para que los estudiantes se embarquen en la aventura de escribir.
Antes del acto de escribir lo que existe, lo que tenemos son: imágenes, recuerdos, vivencias, anécdotas, sensaciones, emociones, ilusiones, inquietudes, ideas, argumentos, creencias, motivaciones, palabras.
Escribir es una actividad basada en la toma de decisiones. Mientras se escribe no hacemos más que tomar decisiones permanentemente, de forma, de estilo, de fondo, de tono, de color, de personajes, de trama, de sentido, de estética, cualquiera sea el tipo de texto que escribamos.

No hay que caer en el error de confundir escribir con transcribir. Escribir es un proceso creativo, mental y cognitivo que demanda de:
- Generar pensamientos e ideas con claridad y sentido.
- Asignarle un orden coherente a lo que se expresa por escrito.
- Disponer de un banco de recursos lingüísticos para ser usados adecuadamente (palabras, figuras)
- Conocer la dinámica de la gramática y la ortografía para su uso pertinente en lo que se expresa.
- Capacidad para hilar historias atendiendo elementos de tiempo, espacio y otras circunstancias de la naturaleza de la narrativa.
Disparadores creativos
Un disparador creativo no es más que un estímulo sensorial que opera como un provocador en los estudiantes y que busca despertar su interés por escribir, que los seduce e invita a embarcarse en la aventura de escribir.
Para este taller se proponen tres tipos de disparadores creativos:

El primero de ellos es un conjunto, previamente escogido, de frases o preguntas, que puedan parecer de interés a los estudiantes, que encuentren de alguna manera significativas y que les genere las ideas, pensamientos, sensaciones o motivaciones suficientes para escribir.

No existe mejor provocación, mejor disparador creativo que una pregunta con la que sintamos algún tipo de conexión, que de una u otra forma asociemos con nuestra vida o que despierte en nosotros una emoción o sensación, sea de proximidad o rechazo. Esta técnica, incluso, es la más utilizada por aplicaciones que tienen como fin lograr que las personas escriban diariamente, tales como: Jetpack, Diario, Block de notas, LetraKid, Nebo, entre otras.

El segundo disparador propuesto son “las imágenes”. Las imágenes son estímulo poderoso para incentivar el deseo de escribir. En este caso utilizamos un compendio de imágenes creadas por AI por el tema de derechos de autor, pero pueden ser utilizadas cualquier tipo de imágenes. Lo importante es que resulten llamativas para los estudiantes y que despierte en ellos interés, que suscite algo en ellos, una sensación, un sentimiento, sea positivo o negativo.

Una imagen puede ser también “mental”. De hecho, es lo que usualmente ocurre en la mente de quienes escriben. Gabriel García Márquez siempre comentó que su obra insignia: “Cien años de soledad” surgió de una imagen que lo impactó sobremanera y fue la de regresar, después de un tiempo, a su pueblo natal Aracataca y observar, el pueblo como congelado en el tiempo, como si el tiempo no transcurriera, sus calles polvorientas, el calor sofocante, la vieja estación de tren y la gente, fueron los disparadores creativos que germinaron en su mente para dar forma a tan maravillosa obra de la literatura.

El tercer y último disparador creativo propuesto en este taller es la música.
Las canciones llevan su propia carga de sentimientos, evocan recuerdos o nos mueven las fibras más profundas de nuestro ser. Una canción con un mensaje poderoso es un disparador creativo genial para lograr que nuestros estudiantes se aventuren a escribir.

La música es un lenguaje universal y aunque las canciones estén en un idioma distinto al nuestro, siempre son capaces de transmitir sensaciones y sentimientos.
Si eres maestro y deseas profundizar un poco más en esta experiencia, puedes ponerte en contacto conmigo al correo: dynfever@gmail.com y gustosamente te atenderé.
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