Nombra algo de tu lista de imprescindibles que nunca hayas hecho.
Sembrar un árbol (✅), tener un hijo (✅) , escribir un libro (❌).
No se de dónde apareció esta frase que precisa las tres cosas que toda persona debe hacer antes de morir. La he escuchado desde niño o leído por ahí y si la rescato de ese universo insondable de mi mente para intentar dar respuesta a esta sugerencia es porque de una u otra forma tiene sentido y significado para mí.
Sembrar un árbol es una apuesta bella e inmensamente necesaria para este planeta moribundo. Si todos lo hiciéramos no solamente renacería el verde sino también la esperanza. Tener un hijo garantiza la supervivencia de nuestra especie: somos una humanidad cada vez más vieja y los jóvenes, en su gran mayoría, no piensan ni quieren tener hijos: pasamos de familias numerosas con muchos hijos (cinco, ocho, diez o más) a familias con uno o máximo dos hijos. Y si a todo esto le sumamos la promoción equivocada de ideas y tendencias que separan al hombre de la mujer haciéndolos parecer como rivales, distintos, distantes e irreconciliables, el panorama es gris.
Escribir un libro rompe el esquema anterior porque no salva a la humanidad ni al planeta, al menos de forma directa y es además algo no imprescindible, pues es de “gustos” y relacionado con la estética. No todos nacen para escribir libros ni a todos les gusta. A mí, en lo personal si, pero a la inmensa mayoría de mortales no. Así que, de este listado de tres cosas por hacer en la vida, solo me falta escribir un libro. Paradójico, si escribir es una de mis pasiones. Me prometo a mí mismo, y de paso a ustedes también, hacerlo este año.

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