Prefiero que me llamen por mi nombre

¿Cuál es la historia de tu alias?

No me gustan “los alias”, prefiero que me llamen por mi nombre. No me gustan, ni siquiera por cariño. Vivo en un país con una larguísima estela de violencia, en donde todos los “líderes” que comandan esos grupos armados, actores del conflicto, son reconocidos por sus alias. Queda entonces la inevitable sensación de asociar un “seudonombre” de estos con violencia.

Y es que no existe un sonido más dulce que escuchar tu nombre. Eso te conecta con quien te nombra, lima las asperezas típicas de la interacción y te acerca a quien contigo interlocuta.

De niño, muchos me llamaban con un apodo, o lo que es lo mismo un alias. La mayoría eran familiares: tíos, tías, primos. Tal vez lo hacían como muestra de afecto y confianza, pero, lo cierto es que no me gustaba. Apodar a alguien es casi una forma de bullying y de no reconocer su dignidad. Se quiera o no, apodar lleva siempre implícito su carga de morbo y burla, incluso si va disfrazado de cariño.

De suerte que, si llegamos a interactuar, sugeriría me llamaras por mi nombre: Domingo, y no: “mingo”.

Me place que puedas leerme. Te abrazo ✍️

Tu nombre es el sonido más dulce que puedas escuchar.

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