EL ÚLTIMO ROMÁNTICO

¿Cómo definirías «romántico»?

Chocolates, flores, serenatas, cartas, esquelas perfumadas, dedicar canciones o un poema y hasta los recados con una celestina, parecen hacer parte ya de un pasado lejano en la vida de los enamorados.

Ahora, es diferente y, claro, asumo, que cuelgues sobre mis hombros el apelativo de “anticuado”. Pero, no se trata de eso, no intento defender esas viejas formas de conquista, esas románticas maneras de seducción. No diré que son mejores que las de ahora. Para empezar, porque no sé cuáles son las de ahora.

Lo cierto, en todo caso, es que si son diferentes. Supongo, que estas prácticas están sujetas a los cambios que la vida misma y la dinámica del mundo van marcando. No es de extrañar que los jóvenes de ahora primero se vayan a la cama y luego se pregunten los nombres. No lo critico porque sencillamente si hubiese nacido en esta época tal vez hubiese hecho lo mismo.

Vivimos los tiempos y efectos de la modernidad, de la comunicación digital donde comienzan a estorbar las palabras. En los tiempos de la inmediatez donde todo parece estar hecho para que no dure, tanto los aparatos electrónicos y demás como el amor mismo. Todo es tristemente efímero y viciado con una superfluidad aberrante. Pero, no diré si está bien o mal, supongo que así ha de ser. El romanticismo es entonces cosa del pasado. Nos cansamos de ser humanos y deseamos ser máquinas y que la máquinas sean humanos.


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