
¿Alguna vez te han operado? ¿De qué?
Me alejaré de la ficción, de la filosofía y de la literatura para responder esto. La verdad, no es que disfrute dando a conocer detalles de mi vida particular. Seguramente no soy el único, a lo mejor somos muchos o todos, quienes preferimos escribir de otras cosas y no sobre nuestra vida personal, sencillamente porque quedamos expuestos y desnudos frente a los demás, frente a quienes nos leen.
En fin, contaré que fui operado siendo un bebé de una hernia inguinal, a los seis meses, según me contó mi madre. Lo descubriría siendo ya un niño un día cualquiera al bañarme noté los hilillos negros dentro de mi piel. Pregunté a mi madre y me contó. El punto no es que me hubiesen operado, el punto no es que me hubiese contado, el punto es lo que significó en mi infancia, no la operación, sino la forma en que me lo dijo: – “te operaron pequeñito y no puedes hacer fuerza porque se te salen las tripas”. Lo dijo la primera vez y lo diría, como una cruel advertencia, todos los días del resto de mí niñez y parte de mi adolescencia. Lo repitió día tras día y me vigilaba para que no levantara cosas pesadas. Obviamente, era una exageración y utilizó el miedo para evitar que hiciera fuerza, supongo que con la buena intención de cuidarme. El costo fue alto. Me sentí siempre un niño limitado, un niño diferente. Mientas los demás jugaban y le levantaban cosas a mi me tenían atemorizado. Solo en la adolescencia descubrí que era mentira, que nada me pasaría si hacia fuerza y Justo ahí terminó esa limitación impuesta por mi madre.
La moraleja de todo este rollo, está en la importancia que tienen las cosas que decimos a nuestros hijos y cómo se las decimos. Puede resultar que al final, por intentar cuidarlos, terminen afectándolos mucho más que eso de lo que los cuidan.
Gracias por leer. Un abrazo ✍️🎉🌺
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