Describe uno de tus momentos favoritos.
Trabajo como “tutor” de un programa del Ministerio de Educación Nacional de Colombia, desde hace un poco más de diez años. Nuestra labor es netamente formativa con los docentes, es decir, que no tengo estudiantes a mi cargo. Lo que se busca con este programa es, a partir de los acompañamientos in situ realizados a las escuelas y maestros, impulsar el mejoramiento de la calidad educativa y que los niños, niñas y jóvenes puedan tener más y mejores aprendizajes. Desde hace dos años también nos hemos enfocado en trabajar por una educación más integral, una educación que tenga en cuenta, no solamente el saber, sino también el ser, que valore a las particularidades de cada estudiante, sus gustos, intereses y necesidades y que impulse el desarrollo pleno de sus potencialidades.
A pesar de no estar en el aula, sino en un proceso de acompañamiento y formación con los docentes, eventualmente ingreso a los salones de clase y trabajo alguna actividad con los niños. Esto mantiene viva mi vocación y pasión por la enseñanza y es, sin duda, uno de los momentos que más disfruto en la vida. Sobretodo cuando visito una sede educativa que tiene por nombre “La Buena”. Me conmueve tanto llegar y ver cómo los niños se lanzan todos a darme un abrazo, como pequeños arlequines colgados en mis hombros, en mis espaldas y por todos lados. La emoción es indescriptible. Cosas como estas son las que me convencen de haber escogido la mejor profesión del mundo. Y, desde luego, que la mejor forma de retribuir ese amor es dando lo mejor de mi, siempre, como maestro.

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