NO VALE LA PENA

¿Votas en las elecciones políticas?

Es la política un tema tan sensible en este país donde vivo, Colombia, que hace algo más de cuatro años tomé la decisión de sacarlo del listado de temas sobre los que hablo, escribo, opino o simplemente converso.

Colombia ha sido un país moldeado por la violencia, por la guerra y por la muerte en un trasegar que abarca más de 10 décadas. La Paz ha sido un anhelo esquivo y a veces asumo que es una especie de condena para este pueblo macondeano. Escasea el optimismo al pensar que igual esa es la naturaleza de la humanidad, desde que nos sabemos la especie más inteligentemente salvaje sobre la tierra, tristemente pensante y devastadoramente letal. Y si no solo ojeen la historia, la prehistoria y la contemporaneidad y no encuentran cosa distinta a muerte, guerra y destrucción.

Hace tan solo unos pocos días conocí, en la Feria Internacional del Libro de Bogotá (Filbo2024) a Luiza Romão, una poetisa y actriz brasileña que llevó al escenario la obra: “También cargamos piedras aquí”, un canto crítico y descarnado de las sensaciones que la lectura de obras como la Iliada provocan en su lector, un canto épico plagado de muerte, sangre, violencia, destrucción y masacres, según expresan los poemas contestatarios de esta afamada poetisa, quien lamenta que la literatura occidental haya nacido de tales relatos.

La humanidad ha sido violenta desde siempre y parece será una condición que no cesará hasta que logremos borrar de un tajo, un día tal vez no muy lejano, nuestra triste existencia de la faz de este planeta y del universo.

En condiciones así y atendiendo la particular coexistencia de los colombianos, tanto del pasado como la actual, donde somos objetos utilizados para las conveniencias de unos pocos que gobiernan y que han sabido alimentar la idea de que debemos estar permanentemente en confrontación: al principio, entre liberales y conservadores, luego entre izquierdistas y derechistas, entre defensores de La Paz y guerreristas, entre ambientalistas y no ambientalistas, entre creyentes y no creyentes, incluso, entre lectores y no lectores, entre buena gente y mala gente, en fin, consiguen el objetivo de mantenernos enfrentados, ese es el combustible que utilizan para llegar al poder y en muchas ocasiones para intentar perpetuarse en el.

Si tan solo pudiéramos entender que los gobernados deberíamos estar y tirar todos para el mismo lado, tal vez así, los gobernantes, se esmerarían en hacer las cosas de la mejor manera posible, sin corrupción, con diligencia y mucha transparencia a fin de solucionar los muchos problemas de las comunidades.

Es tal la polarización generada que ha afectado a las familias, donde sus miembros, divididos en bandos opuestos han roto sus relaciones y ni que hablar de las amistades, los vecinos y compañeros de trabajo, donde se ha impuesto casi una mordaza a fin de auto protegerse de los ataques indiscriminados de quienes no comparten tus mismas ideas, violentando todo el derecho a ser diferentes de pensamiento.

Así las cosas, se pierde todo interés por participar en este maquiavélico juego de imposiciones, deslealtades y conveniencias que se ha vuelto la política.

Déjame saber en los comentarios que piensas al respecto. Estaré atento en leerte.


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