Las relaciones de pareja se tornan cada vez más difíciles y complejas. Los matrimonios van a la deriva y las separaciones son el pan nuestro de cada día. Esto, permite inferir un poco acerca de por qué la sociedad y el mundo actual van también a la deriva.

Y es que pareciera que la gente cada vez quisiera menos compromiso. El ideal de formar una familia ha dejado de ser algo imperativo y lo peor es que los «movimientos sexistas» impulsan una abierta confrontación entre hombres y mujeres cuyas consecuencias aun no imaginamos. De otra parte, las personas exploran nuevas formas de relacionarse en el amor como la «agamia», el «poliamor» o las relaciones totalmente abiertas. Todo esto, está arrasando con la concepción de la familia, tal y como se conocía, se ha debilitado y en otros casos ha mutado a «familias disímiles» con un impacto negativo para la sociedad, sobretodo, para los hijos, en el sentido de sufrir una evidente pérdida de valores.
La familia es, y ha sido desde siempre, el sostén de la sociedad, la columna vertebral que la soporta y que garantiza que los hijos crezcan en ambientes sanos y equilibrados. Tal vez este parezca un concepto bastante conservador, de esos que, extrañamente, incomodan a muchos hoy, pero, cargado, sin duda, de fundamento y lógica.
Así las cosas, la familia debería ser siempre la primera opción. Por muchas dificultades que pudieran afrontar las parejas la separación y el divorcio han de ser la la última opción a la que llegasen cuando definitivamente sea inviable mantenerse juntos.
La sentencia con la que cierro es que «si no se vuelve a colocar a la familia en el sitial que corresponde dentro de la sociedad, aunque alcancemos una sociedad con más «libertades e igualdad» estaremos condenados a desaparecer.
Déjame saber que piensas al respecto. Estaré gustoso en leerte.
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