Es buena o mala la tecnología?

¿Cómo ha cambiado tu trabajo con la tecnología?

Soy un “turista digital”, de acuerdo a la clasificación de Daniel Cassany, es decir hago parte de ese grupo de personas a los que los grandes avances de la tecnología digital les llegó siendo ya adultos. A la mayoría de este segmento de la población, que oscilan entre los 45 y 60 años, los atropelló esta tecnología, la masificación de lo digital, el internet, la robótica y la inteligencia artificial. A diferencia de los “nativos digitales” los adolescentes de hoy día, quienes nacieron en la tecnología y eso explica, de alguna manera, la facilidad que tienen para desenvolverse con la misma. En mi caso particular, no fui víctima de esta tecnología, no me atropelló, y no porque no esté dentro del rango de edad de los turistas digitales, sino porque este ha sido un tema que me ha inquietado desde siempre, desde su aparición y esto ha hecho que esté permanentemente revisando, documentándome y aprendiendo.

La tecnología no es ni buena ni mala, el asunto es el uso que hacemos de ella.

Ese preámbulo sirve como soporte para defender la tesis de que la tecnología no es ni buena ni mala, que el asunto está en el uso que se haga de ella. Obviamente no podríamos mirar por igual un misil nuclear, que una cápsula para realizar tomografías o rayos X, la primera tiene un fin destructivo, mientras la segunda intenta preservar la vida.

Así las cosas, cabe decir, que no podemos ir de espaldas a la tecnología y sus avances, que mucho del bienestar y el mejoramiento de la calidad de vida que tenemos hoy las personas se lo debemos a ella; no obstante, si se hace necesario afinar la línea ética en algunos aspectos para que no se corra ni se desdibuje y para garantizar un uso beneficioso de la misma en función de preservarnos y mejorarnos como especie.

Se ha ido extendiendo un pánico generalizado en todo el mundo por el auge vertiginoso de la inteligencia artificial; principalmente en el contexto laboral, pues se teme que esta termine remplazando en diferentes oficios y labores a los humanos. Sí bien, existen ya algunas evidencias de ello, no significa que esto termine siendo una realidad. Debemos partir de la base de que los humanos somos irreemplazables, al menos por ahora, pues se está muy lejos de que las máquinas y las mentes digitales adquieran la capacidad de sentir, de amar y de experimentar todas esas competencias blandas que solo las personas pueden experimentar. Si bien, pueden procesar información a un volumen y a una velocidad inmensamente superior a la mente humana, no son capaces de experimentar amor, compasión, ternura, caridad, altruismo, colaboración, empatía. Y es precisamente allí, donde somos irreemplazables.

Se hace necesario entonces, marcar distancia de las máquinas y las mentes digitales, fortaleciendo mucho más esos aspectos que nos diferencian de ellas, como lo es la capacidad de pensar críticamente, de gestionar las emociones, de trabajar colaborativamente , de ser empáticos, solidarios y verdaderamente humanos.

No debe asustarnos el desarrollo de la tecnología, debe movernos, más bien, a apropiarnos de ella, a utilizarla como una herramienta que nos ayude a mejorar en todos los aspectos de nuestra vida, incluyendo, desde luego el laboral. En mi caso particular, la tecnología me ha potenciado laboralmente y me ha llevado a ser mucho más productivo. Bienvenida siempre.


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