¿Sueles rechazar las cosas que se interponen con tus objetivos?
La mente humana es la herramienta más compleja, pero, a la vez más maravillosa que poseen las personas. Es ese espacio intangible donde convergen nuestros pensamientos, recuerdos, creencias, ideas, emociones. Es ese filtro a través del cual percibimos el mundo y le damos sentido a la vida, de ella nacen las decisiones y pensamientos que determinarán nuestro destino, y es allí donde radica su importancia, puesto que puede convertirse en la cárcel que nos limita o abrirnos la puerta a un mundo infinito de posibilidades.

Casi siempre tendemos a pensar que los obstáculos que se interponen a nuestros objetivos son externos, cuando en realidad la gran mayoría están dentro de nosotros mismos y más concretamente en nuestra mente, en lo que pensamos, en las creencias que tenemos arraigadas y que se convierten en paradigmas que nos impiden avanzar.
Una cosa es que tengamos pensamientos e ideas y otra muy distinta es que tengamos creencias. Las primeras son ocasionales, van y vienen como las olas en una playa; mientras las segundas son permanentes y no es que vivan en nosotros, es que vivimos en ellas y determinan cada acción, cada decisión que tomamos en la vida. Creer por ejemplo, que somos muy viejos ya para emprender un proyecto, que no tenemos la suficiente capacidad, que nacimos así, que no hay nada que hacer, son determinantes que limitan nuestro crecimiento personal.
Lo peor de todo, es que es algo que ocurre sin que seamos conscientes de ello, lo que hace que no tomemos correctivos al respecto. Por ejemplo, cuando nos enfrentamos a cosas nuevas, a nuevos retos en la vida, la tendencia natural de la mente es no admitir el cambio, aferrándose a lo conocido, a lo que le es familiar y digamos que podría ser algo que haga como un mecanismo para preservarnos al no exponernos a los riesgos que nuevas situaciones pueden traer, el punto es que nos genera miedo y este miedo termina paralizándonos.
Lo primero que debemos hacer es reconocer nuestras limitaciones, ser conscientes de ellas, lo que no significa que no podamos mejorarlas al trabajar en ellas. Lo segundo, es aprender a cambiar “la perspectiva”. La mente es flexible y podemos entrenarla para que se enfoque en lo positivo, en las posibilidades, en las soluciones y en el crecimiento. La idea es ser capaces de desarrollar una mentalidad de abundancia, resiliencia y optimismo. Por último, es necesario revaluar esas creencias en las que vivimos, casi siempre no tienen fundamentos, y remplazarlas por otras que nos impulsen hacia nuestros objetivos.
Así, queridos lectores, que si queremos superar esos obstáculos que se interponen con nosotros objetivos, cree en tu potencial, cultiva una “mente abierta”, sal de tu zona de confort y desafía tus pensamientos.
Buen día 🌺
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