Aprender a vivir

Cuéntanos una habilidad secreta que tengas o que te gustaría tener.

No llegamos a este mundo con una libreta debajo del brazo que nos indique cómo vivir, cómo tomar las mejores decisiones para hacer de la vida una experiencia digna y plena; y lo peor, tampoco nos lo enseñan ni en la familia ni en la escuela. Nos corresponde entonces, aprenderlo a los golpes, viviendo, dándonos de bruces contra el mundo, probando, ensayando y equivocándonos.

Será que algún día lograremos conectar la vida con la escuela y que se incluyan, además de lo que se enseña en las áreas básicas, aprendizajes relacionados con la vida misma, como la resiliencia, el altruismo, el trabajo en equipo, la solidaridad, la compasión, la gestión del ser y de las emociones, la toma de decisiones, la gestión de los recursos, el equilibrio personal, o, asuntos relacionados con la felicidad y la vida plena.

Desde luego, no pretendo desestimar los conocimientos académicos, son necesarios, solo que se hace necesario revisarlos, ajustarlos, resignificarlos, a fin de que sean mucho más pertinentes e incluir los aspectos arriba mencionados.

El fin último es que cada persona, cada ser humano, logre desarrollar su máximo potencial, que alcance una vida digna y plena, que consiga convertirse en su mejor versión posible, viviendo de manera plena y feliz, esa debería ser la consigna siempre, ese debería ser el foco siempre, en todos lados, en todas partes, en todos los ámbitos y contextos, tanto en la escuela, como en las familias, en las instituciones y en toda la sociedad. Una propuesta educativa plenamente articulada con este fin se hace urgente, para ganar terreno y para que no les toque a los más chicos aprender a punta de golpes y logren avanzar de manera más segura y pronta en sus proyectos de vida.


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