Extraño la Medellín de ayer

¿Cuál es tu clima favorito?

La dinámica del universo y de la vida es el cambio, nada permanece inmutable, hasta las inertes rocas terminan desgastadas en su superficie por la permanente caricia del viento. Todo tiene principio y fin, y entre lo uno y lo otro, encontramos distintas etapas. El clima, por ejemplo, es una de esas variables y aunque entendamos que los cambios que sufre el planeta en su temperatura se deben en parte a la dinámica misma del universo relacionadas con el funcionamiento del sol, es incuestionable que el ser humano con su irresponsable forma de estar en el mundo mediada por la quema de combustibles fósiles, ha contribuido significativamente con este problema.

Subida a Puerto Valdivia (Antioquia)

Una de las cosas que más disfrutaba cuando viajaba en bus, hace algunos años, entre la Costa y Medellín, era observar por la ventana del mismo, a la subida de Puerto Valdivia, Yarumal o Santa Rosa de Osos, las humildes casuchas apostadas a un lado de la vía, con campesinos abrigados con gruesas ruanas o ponchos y con las mejillas rojizas tomando café o chocolate o en sus labores diarias, indiferentes ante el paso de los vehículos. Hoy, las casuchas siguen ahí, algunas deterioradas por el paso del tiempo, pero el retrato no es el mismo, aún se observan personas a la orilla de la vía pero ya no se abrigan para protegerse del frío ni tienen las mejillas rojizas. Tampoco se observa la espesa bruma que hacía casi imposible el tránsito de los vehículos. Todo ha cambiado, sobretodo el clima. Bajarse, por ejemplo, en Santa Rosa de Osos era un reto para los que, como yo, venían de tierra caliente. Hoy escasamente refresca cuando una brisa baja de las montañas.

Medellin, en otrora “la eterna primavera” con sus verdes y limpias avenidas engalanadas con ornamentos de todo tipo, sigue siendo una bella y amable ciudad, pero cada vez con menos verdes y flores y con un clima que roza entre lo templado y lo cálido, al punto que parece una ciudad más de la Costa Caribe, con un bochorno que ha alcanzado los 32 grados centígrados, tan sólo a cinco grados de la temperatura media de ciudades de la Costa como Monteria donde la temperatura media los 37 grados centígrados. No es casual haber visto tantas personas en mocho y camisilla y a ninguna con un saco a las tres de la tarde, excepto los que se movilizaban en motos. A esta hora moviéndose en un auto por la avenida regional, con vidrios abajo, ni la brisa que entraba por las ventanillas alcanzaba a refrescar. Me contaba la chica que conducía el auto, que había estado por la mañana en un centro comercial y se sorprendió mucho al ver a tantas personas comprando aires acondicionados, algo que era impensable anteriormente. Mínimo, si deseas dormir mejor debes tener un abanico al lado, concluyó la joven.

Lo cierto de todo esto, es que si extraño, y mucho, a esa Medellin de antes, con una temperatura que era la envidia de todas las ciudades del país y muchas del mundo. Lo más preocupante es que esta es una situación irreversible, es decir, parece no existir la posibilidad de que volvamos a tener esa agradable temperatura, por el contrario, puede empeorar. El planeta entero se está calentando a un ritmo sin precedentes y ha subido 1,1 grados centígrados a nivel global en todo el planeta en los últimos veinte años.

Detrás de ese aumento de temperatura existen otras variables que preocupan relacionadas con la misma, tal es el caso de afectaciones en la salud humana, escasez de alimentos y agua potable, problemas de vivienda, además de una evidente degradación ambiental.

No está demás que aproveche estas últimas líneas para invitarlos a todos a hacer algo, cada pequeña cosa que hagamos es importante, cada pequeño esfuerzo suma en el propósito de disminuir el impacto del cambio climático. Desde luego, es preciso ir adaptándose en todo sentido: viviendas resilientes ambientalmente, cuidado del agua, reducción de la huella de carbono, gestión adecuada del riesgo climático, protección de ecosistemas y sobretodo cambios sustanciales en nuestra forma de “ser y estar” en el mundo.

Menos carros, más bicicletas; no me devolverán a la Medellin de antes, pero la harán sin duda menos sufrible.


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Una respuesta a “Extraño la Medellín de ayer”

  1. Avatar de El Onironauta

    Habemos muchos y nos lo estamos comiendo todo. Que pena. A ver si conseguimos que al menos la mitad de la humanidad use más los pedales y menos el acelerador.

    En Colombia se de buena tinta que se come muy bien. El Pandebono está muy rico.

    Magnos sueños.

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