El amor: la más bella de las supersticiones.

¿Tienes alguna superstición?

Concédanme permiso hoy para para retar a pensadores y filósofos con este planteamiento tan contra intuitivo. Me pararé, para ello en los argumentos sobre la base de mis reflexiones personales y en uno que otro autor.

Inicio, aclarando que la intención de esta disertación está lejos de ser una crítica a la existencia del amor y lo que este representa, por el contrario, lo enaltece, a tal punto, de considerar que el amor, y solo el amor, es lo que aún sostiene al mundo. No obstante, al ser el amor algo abstracto de lo que todos hablan, desde siempre y desde sustentos loables, pero a veces poco racionales y fundamentados en creencias personales, me lleva a plantear que es el amor entonces la más hermosa y afortunada de las supersticiones.

De hecho, el enamoramiento, que es una etapa previa al amor o que hace parte de este, parece en el fondo carecer de toda lógica, en el sentido que es una experiencia emocional que nos impulsa hacia otra persona sin poder explicar el por qué y con la ilusoria esperanza de que esta persona nos haga feliz, renunciando así a la posibilidad de que dicha felicidad dependa de nosotros mismos y no de los demás.

No vemos el amor, pero está ahí, como una suerte de talismán a la que casi todos aspiramos sin saber siquiera qué es y confundiéndolo con otras cosas. Entonces, si nadie sabe amar, o al menos una inmensa mayoría de las personas , quiere decir que no ha sido el amor una realidad en sus vidas. A lo sumo, quienes digan que si saben amar experimentan al amor como algo dulce pero doloroso que lastima, una especie de “mal amor” o enfermizo amor; esto dese la connotación del eros.

En ambos casos, tanto en el amor como en las supersticiones la fuerza reside en la subjetividad de la experiencia. Lo que para algunos puede ser un símbolo de buena suerte, para otros podría ser irrelevantes; así mismo, lo que para algunos puede ser amor verdadero, para otros podría ser una simple infatuación.

El filósofo alemán Friedrich Nietzsche, criticaba la idealización del amor romántico al considerarlo una superstición que nos aleja de la realidad, en concordancia con Jean Paul Sartre, el existencialista francés, quien considera que el amor no es un destino inevitable, sino una elección que hacemos libremente.

En últimas, afirmar que el amor es una superstición no significa negar su poder o su belleza, sino simplemente verlo desde una perspectiva diferente, atendiendo a su carácter enigmático e indescifrable.

Y tú, consideras que el amor es una especie de superstición? Deja un comentario.


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Una respuesta a «El amor: la más bella de las supersticiones.»

  1. Avatar de El Onironauta

    El amor como acto de fé. Es un buen tema. Claro que es un concepto abstracto que ha sido creado por nosotros. Muy difícil de definir. ¿Es algo fisiológico o hay algo más? Recuerdo una película, basada en un libro de Isaac Asimov, donde a un robot se le activa la función de amar a una humana como si fuese su madre. Es digna de ver la secuencia.

    Magnos sueños.

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