Somos ensayo y error.

No somos más que actores improvisados interpretando el libreto de la vida.

¿De qué manera un fallo (o un aparente fallo) te prepara para un próximo éxito?

No debería alarmarnos equivocarnos, debería alarmarnos no hacer nada, no intentar nada. En este azaroso universo no somos más que actores improvisados intentando interpretar el libreto de la vida. No nos dejaron aquí con un libreto bajo el brazo con las indicaciones precisas de cómo afrontar la vida, de cómo sacarle provecho, de cómo coexistir en armonía y plenitud con los demás y con el universo. Nos ha tocado aprenderlo sobre la marcha, probando, ensayando una y otra vez, fallando y aprendiendo, corrigiendo y haciendo ajustes para hacerlo mejor la próxima vez.

Se imaginan cuantos intentos tuvieron que hacer nuestros primitivos y muy remotos ancestros para encender el fuego por primera vez?, cuantos esfuerzos e intentos les tomó codificar sus sonidos guturales y asignarles un significado preciso para comunicarse y cuantos intentos y esfuerzos en solitario, día tras día, noche tras noche, semanas tras semanas y año tras año para lograr hacer realidad los grandes inventos de la modernidad, como este dispositivo, por ejemplo, en el que ahora lees esta reflexión?. Y si te paras en la otra orilla, el único que lo sabe todo y que conoce todas las respuestas es Dios, los demás, incluyendo los primeros moradores de la tierra, según el mito bíblico: Adán y Eva, fueron arrojados a vivir en la tierra sin el más mínimo conocimiento de cómo hacerlo y se equivocaron tanto que terminaron matándose entre ellos mismos (Caín y Abel). Entonces, si nadie tiene la verdad absoluta, si no existe una fórmula mágica ni un libreto para vivir y nos toca aprender dándonos golpes contra la pared, no nos a de inquietar, en lo absoluto, el hecho de equivocarnos. Bienvenidos los errores, porque eso significa que “lo estamos intentando”, que estamos vivos, que nos estamos moviendo y que seguimos soñando. El Profe Domingo Espitia 🌎


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