No nací para mar, soy río.

Si tuvieras que escribir tu autobiografía, ¿con qué frase empezarías?

“Soy un animal de agua, potencialmente peligroso, pero tranquilos, solo a mi mismo suelo hacer daño”. El agua ha sido un elemento fundamental para la vida, de hecho de allí surgió, y para el desarrollo de las civilizaciones, de las ciudades, de los pueblos: las grandes urbes, tanto de la antigüedad como de la modernidad, han logrado desarrollarse y crecer al estar cerca o contar con fuentes de agua, ríos, lagos, mares, muchísimo más que los poblados alejados de este valioso recurso o que carecen de el. Ha sido, es y será tan vital que ya se habla, incluso, de guerras para pelear por este recurso en el futuro y se vislumbra tristemente la extinción de la especie humana por este aspecto, entre muchos otros. Pero, volviendo al punto, soy un “animal de agua” no porque haya nacido en julio bajo el signo zodiacal de cáncer, el acuático crustáceo que se caracteriza por caminar de lado y con extrema precaución, sino más bien porque he vivido toda mi vida en ciudades o pueblos que tienen o están muy cerca del agua: ríos, ciénagas, mares, lagos, etc, tanto así, que yo me hallaría viviendo en un pueblo o ciudad que no tenga río, mar o, en su defecto, lagos. Por esa razón, sin duda, soy un animal de agua, pero, más de agua dulce que de agua salada y eso se explica porque nací y viví mis primeros años al lado de un río en el que además de enseñarme a nadar, alimentarme y recrearme, le heredé el vigor y la fuerza para avanzar sin desánimo al encuentro con otros ríos, con la ciénaga o con el mar. En definitiva entonces aunque soy en esencia un animal de agua, “no nací para mar, soy río”.

No nací para mar, soy río

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